viernes, 23 de enero de 2015


Después de una noche de descanso en nuestras cápsulas, que resultaron ser bastante cómodas (eso o igual es que nosotros acabamos bastante rendidos), nos tocaba hacer un recorrido por los templos más famosos dentro de Kioto, también conocida como "la ciudad de los diez mil templos".

Con el pase diario de bus en mano nos dispusimos a recorrer en sentido contrario a las agujas del reloj los distintos templos que teníamos apuntados, así que para no sobrecargar demasiado este post, nos dedicaremos a listar los templos con un par de detalles y alguna foto para que os hagáis una idea.

1- Kinkaku-ji (Golden pavillion)


Pabellón dorado
Pabellón dorado

Es un templo budista Zen, y es uno de los muchos monumentos que han sido declarados patrimonio de la humanidad en Kioto. El complejo está formado por un edificio central de 3 pisos cuya fachada se encuentra cubierta de pan de oro (dándole el color dorado que le confiere el nombre de pabellón de oro) y un jardín japonés que en pleno otoño se presta para hacer un poco de momijigari (tradición japonesa que consiste en contemplar el cambio de color de las hojas), y además cuenta con un estanque muy típico que hace del templo un remanso de paz a pesar de la multitud de turistas. La entrada cuesta 400 yenes.

Arce rojo
El arce rojo japonés en otoño

Detalle de los jardines
Detalle de los jardines del templo

2 - Ryoan-ji


Jardín Zen
Karesansui (jardín Zen)

Otro templo Zen declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO y en su interior se encuentra uno de los jardines zen más famosos del mundo, construido a finales del siglo XV y que aún es mantenido por los aprendices de monje como ejercicio de meditación. Este templo es un poco más extenso que el Kinkaku-ji y contiene distintos edificios, incluyendo una estupa de influencia camboyana. Nosotros tuvimos la suerte de ser abordados por una estudiante de turismo japonesa que se ofrecía de manera gratuita a hacernos de guía por el templo (todo en inglés, por supuesto). La entrada al recinto cuesta 500 yenes.

Detalle interior
Detalle del interior del edificio principal

Estupa camboyana
Estupa de estilo camboyano

Paseo por los jardines
Paseo por los jardines del templo

Arce
El omnipresente arce

3- Myōshin-ji



Este complejo de templos pertenece a la rama de budismo Zen Rinzai y consta de numerosos edificios correspondientes a distintos monasterios cuyas antigüedades varían desde el siglo XVI hasta el siglo XIX




4- Bosque de bambú de Arashiyama


Bamboo grove
Bamboo grove

A unas pocas estaciones de distancia del Myōshin-ji, se puede llegar usando la línea de JR a Arashiyama, un poblado de la periferia de Kyoto que además de ríos y templos, tiene un auténtico bosque de bambú.

5- Nishiki Market


Nikishi market


Como se nos había pasado un poco la hora de la comida, decidimos parar por el centro de Kioto y visitar el mercado de comida Nishiki y picar por el camino lo que el azar buenamente nos deparase.


Comida
Surtido de comida

Comida
No sabemos bien qué

6- Ginkaku-ji (Silver pavillion)


Pabellón y jardín Zen
Pabellón y jardín Zen

Para terminar la ruta, visitamos el Ginkaku-ji, otro templo budista Zen que junto con el Ryoan-ji y el Kiyomizu-dera representan las vistas indispensables de Kioto. Este templo consta de un edificio principal (el pabellón de plata), otro edificio auxiliar, varios jardines zen y lo más destacable, un jardín-bosque que sube por la colina y que representa un entorno natural inigualable. De nuevo aquí se puede entender el sentido del momijigari y por qué el otoño representa todo un acontecimiento para los japoneses. La entrada cuesta 500 yenes.

Jardines
Jardines

Vista del pabellón
Vista del pabellón desde la colina

Detalle del jardín Zen
Detalle del jardín Zen

Jardín Zen
Jardín Zen

Y para rematar el día pillamos unos Taiyakis...


Taiyaki


Sayonara!

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Diario de Japón (VI): Templos de Kioto, jardines y estampas otoñales

lunes, 12 de enero de 2015



Todas las mañanas, si el tiempo lo permite, vemos como unas montañas sobresalen de la superficie del agua haciendo que este cachito del mar de Alborán parezca más bien un lago; se trata de la cordillera del Rif en Marruecos, que aún cuando parece estar muy cerca, para salvar la distancia que nos separa hay que cruzar el estrecho donde el Mediterráneo se vuelca en el Atlántico y poner el pie en otro continente que tendemos a ignorar y que tiene tanto que ofrecer.

Aprovechando el privilegio de estar tan cerca, decidimos hacer una excursión un fin de semana a Marruecos tomando un Ferry desde Tarifa hasta la ciudad de Tánger. Tras barajar distintas opciones, decidimos contratar el viaje con una agencia de viajes online que ofrece un paquete que incluye: Ferry ida y vuelta Tarifa-Tánger, 2 noches de hotel y traslados puerto - hotel - puerto por unos 80€ por persona; teniendo en cuenta que sólo el ferry ida y vuelta cuesta alrededor de 60€ por persona, merece la pena.

Así pues, organizamos nuestras agendas para pasar un fin de semana largo, y embarcamos finalmente un viernes al mediodía en el puerto de Tarifa. El puerto de Tarifa es bastante pequeño, y fuera de la temporada alta estival (el conocido "paso del estrecho") no suele tener demasiadas colas ni complicaciones. Nosotros viajamos con la compañía FRS que lleva directamente al puerto de Tánger Ciudad, a diferencia de los ferry que salen desde Algeciras, que llegan al puerto Tánger Med, que se encuentra a unos 40 Km de la ciudad de Tánger y a otros tantos de Ceuta o Tetuán.

La travesía en ferry fue corta y agradable, un consejo que os podemos dar es que tan pronto os subáis a este ferry buscad al gendarme marroquí que se sienta con un ordenador en la zona de la cafetería, que es el encargado de sellar el pasaporte con la entrada a Marruecos, que si esperáis a llegar a Tánger y dependiendo de la cantidad de gente que esté podéis acabar perdiendo mucho tiempo.

Llegada a Tánger
Llegada a Tánger

A pesar de lo que leímos en foros y blogs de viajes, al desembarcar no nos topamos con montón de gente agobiando a los turistas para intentar vender cosas, ofrecerse de guías turísticos o de taxi, sin embargo la experiencia fue bastante normal, y la única persona que se nos acercó fue el conductor de la agencia que estaba esperando a los clientes para llevarlos a sus respectivos hoteles.

Place de France
Place de France

Tánger es la quinta ciudad de Marruecos en cuanto a población y su núcleo urbano se extiende a lo largo de la costa. Históricamente y gracias a su ubicación, Tánger siempre ha sido una ciudad de comercio y puente entre Europa y África, y esto se hace notar en el carácter abierto de su gente y en los contrastes de su arquitectura clásica y moderna.

Medina de Tánger
Medina de Tánger

Gran Zoco
Gran Zoco

Kasbah
Encantador de serpientes en la Kasbah

El principal atractivo turístico de Tánger está en pasear por sus calles, perderse en el laberinto de callejuelas de la medina antigua, el gran zoco, subir hasta la kasbah y visitar los edificios donde se encontraban las delegaciones diplomáticas cuando la ciudad era parte de un protectorado internacional, pasear por el Boulevard Pasteur desde la plaza de Francia pasando por cafeterías y teterías con todas las sillas dispuestas codo con codo y orientadas hacia el paseo.


Tanger Boulevard
Tanger Boulevard

Té marroquí
El preciado té marroquí

En las inmediaciones de la avenida Mohamed V hay un paseo que ofrece buenas vistas de la ciudad y de la costa gracias a la altura y si el día está claro se ve la costa española con nitidez. Tomar un té marroquí en alguno de los bares de este paseo con balcón panorámico es más que recomendable (hay que probar un té marroquí sí o sí, y merece la pena).

Estación de Assilah
Estación de Assilah

Dromedarios en la playa
Dromedarios en la playa


Tras haber visitado el centro de Tánger, el segundo día decidimos hacer una excursión en tren a un pueblo llamado Assilah que se encuentra a escasos 40 kilómetros al suroeste. Este pueblecito es una pequeña localidad costera cuya principal curiosidad es su medina bohemia con casas azules y arte urbano plasmado en distintos muros. El viaje en tren desde la estación de Tánger no es caro, y por un pequeño plus (creo recordar que era el equivalente a un par de euros) se puede viajar en primera clase, es decir, en compartimientos semi-privados con aire acondicionado (muy importante). Una vez en Assilah, bajando hacia la playa se pueden ver personas paseando camellos (dromedarios), que por un euro te dejan subir un rato y sacar algunas fotos.


Assilah
Calles de Assilah

Assilah
Assilah

El pueblo no es demasiado grande, pero sí es muy pintoresco y el paseo por su medina resulta agradable, con un ambiente bohemio-hippie bastante curioso. En la zona exterior de la muralla hay muchos restaurantes donde se pueden probar platos típicos marroquíes (cous-cous, tahín, pastela), y en la playa hay numerosos chiringuitos para tomar un batido de plátano, un té o un refresco con vistas al atlántico.

Zona moderna de Tánger
La zona más moderna de Tánger
Paseo Marítimo y costa española
Paseo marítimo y vistas de la costa española


De vuelta ya en Tánger, otro plan recomendable es recorrer el paseo marítimo (paralelo a la avenida de Mohammed VI) hasta llegar a la nueva zona más moderna y europeizada de la ciudad, que después de haber visitado la medina esta zona es una muestra de los contrastes y contradicciones que se pueden apreciar en Tánger.

Como primera toma de contacto con Marruecos y África podemos decir que fue una buena experiencia, aunque la proximidad a Europa hace que la ciudad sea menos árabe, pero quizás eso cuente como algo positivo para quien quiera darse un garbeo por Marruecos pero no se siente cómodo con los shocks culturales; desde luego a nosotros nos dejó con ganas de más.

!وداعا

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Fin de semana en Marruecos: Tánger y Assilah

domingo, 4 de enero de 2015




Como ya habíamos adelantado en entradas anteriores, este viaje no iba a consistir sólo en conocer Tokio, así que el quinto día nos levantamos bien temprano, pillamos nuestras maletas y aprovechando que podíamos usar ya el JR Pass nos subimos a la línea Yamanote hasta la estación de Shinagawa. Desde esta estación, y también desde la Tokio Station, se pueden pillar los Shinkansen (trenes bala) a Kioto. No es estrictamente necesario reservar asiento en la mayoría de los trenes de JR, de hecho, el que pillamos tenía vagones específicos para personas sin asiento reservado, pero por tratarse de un viaje de largo recorrido y que además queríamos hacer pronto para llegar a una hora decente a Kioto, decidimos reservar asientos el día anterior en la estación de Shibuya (en el Midori-no-madoguchi) para el Hikari 465 de las 09:10 AM.

El tren salió puntual, como cabía esperar, y nos sorprendió lo amplios que son los vagones. En cuanto a velocidad es muy parecido al AVE en España, pero la comodidad de clase turista no tiene comparación: los asientos son mucho más anchos y largos, tanto que cabe la maleta entre tus piernas y el asiento de delante.

Tras 3 horas de trayecto, llegamos a la estación de Kioto. Nada más salir de la estación se aprecia el contraste con Tokio, y es que Kioto es una ciudad más tradicional, de edificios bajos, montañas y templos. Para moverse por la ciudad lo más práctico es hacerlo en bus, ya que llega a todas partes, a diferencia del metro que tiene pocas líneas y no conectan demasiado bien, existen pases diarios de bus que cuestan unos 500 yenes y te permiten subirte a todos los autobuses urbanos.

Nuestra cápsula

Para hacer nuestra estancia en Kioto un poco más extravagante, decidimos alojarnos en un hotel cápsula por probar la experiencia. Hemos de admitir que hicimos un poco de trampa, pues un hotel cápsula tradicional es un albergue con un montón de cápsulas apiladas una al lado de la otra, donde compartes noche con un montón de desconocidos. En nuestro caso, fuimos al hotel Ammenity, que tiene habitaciones dobles con su baño privado, pero en lugar de camas, tienen cápsulas; así que si queréis probar la experiencia pero sois un poco más señoritos, podéis hacer lo mismo que nosotros.


Kiyomizu-dera

Otowa-no-taki (las 3 fuentes)

Vistas de la ciudad desde el templo


Tras dejar nuestro equipaje en el hotel, rápidamente nos dirigimos hacia uno de los templos más famosos de Kioto: el Kiyomizu-dera, que es un templo budista declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Para llegar a él hay que subir una colina llena de puestecillos y tiendas de dulces tradicionales y recuerdos varios, que te lleva hasta la puerta del recinto. En el interior se pueden visitar varios edificios, altares, pagodas y fuentes, además de poder disfrutar de unas vistas privilegiadas de la ciudad desde las alturas.

Pagoda en Gion

Distrito Gion

Tras la visita obligada al kiyomizu-dera, bajamos andando hasta el distrito de Gion, originalmente construido para albergar a los visitantes de los templos y que acabó siendo uno de los barrios de geishas mas conocidos de Japón. El paseo por el distrito es agradable, pues las calles son muy bonitas y puedes parar en una tetería a tomar un té verde. Sin duda uno de los mayores atractivos de esta zona al caer la tarde es intentar pillar a alguna geisha o maiko de camino a alguna tetería o restaurante. Nosotros tuvimos suerte:


Geisha en Gion

Por lo que pudimos apreciar, Kioto es una ciudad que se recoge pronto, pues los templos cierran sobre las 4:30 o 5 y a partir de entonces se empieza a apreciar menos movimiento por la ciudad, a excepción de las galerías comerciales que hay en los alrededores de la estación de Kawaramachi a la altura de Shijo Dori, que bien merecen un paseo. Para culminar el día, nos dimos una vuelta a la vera del río, pasamos por el teatro Minamiza, y cenamos unos Okonomiyakis que estaban de muerte (o más bien las variedades típica de Kioto: el Betayaki y el Negiyaki) y de ahí a nuestras cápsulas a descansar para que el día siguiente nos cundiese.


Galerías del centro

Teatro Minamiza

Betayaki y Negiyaki

Sayonara!

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Diario de Japón (V) Kioto: Kiyomizu-dera, Gion

martes, 16 de diciembre de 2014



Shibuya y Shinjuku son dos de los distritos más populares de Tokio, en ellos se pueden observar zonas de rascacielos, parques que parecen un bosque salvaje en medio de la ciudad, templos, calles dedicadas a la moda de las tribus urbanas, muchas luces y sobre todo: mucha gente.

Decidimos comenzar el día en el barrio de Shinjuku, dirigiéndonos al edificio del gobierno metropolitano de Tokio para contemplar las vistas de la ciudad desde el mirador de alguna de sus torres. Quizás el tamaño de este edificio vaya en proporción a las magnitudes de esta ciudad, pues se trata de un complejo arquitectónico formado por un edificio principal de dos torres de 48 plantas cada una, otro edificio más bajo y un pasillo elevado semicircular que conecta con la sede de la asamblea de la ciudad formando a su vez una plaza interior con el edificio principal.


Gobierno Metropolitano de Tokio
Gobierno Metropolitano de Tokio

Subimos a la torre norte para apreciar las vistas de la ciudad esperando tener suerte y que la visibilidad nos permitiese ver el monte Fuji pero lamentablemente no fue así. Al bajar fuimos abordados por casualidad por un amable voluntario que nos invitó a unirnos a una visita guiada gratuita por el edificio que generalmente comienza a las 10:30 en el punto de información turística de la primera planta. El voluntario nos llevó a una sala de promoción turística donde pudimos hacer vasijas de barro al estilo japonés, y después nos hizo un recorrido por los pasillos, por la asamblea metropolitana y por el mirador de la torre sur. Si se cuenta con tiempo, la visita guiada merece la pena y es totalmente gratuita así que recomendamos hacerla.


Asamblea gobierno de Tokio
Asamblea del Gobierno Metropolitano de Tokio

Después de nuestra visita al edificio del gobierno metropolitano, nos dedicamos a pasear por los alrededores en el barrio de Shinjuku y contemplar algunos de los peculiares rascacielos que hay en la zona y poco a poco ir andando hacia el parque Yoyogi.


Rascacielos en Shinjuku
Rascacielos en Shinjuku

El parque Yoyogi es uno de los más grandes de Tokio con alrededor de 54 hectáreas. Se trata de una amplia extensión verde formada por lo que durante los juegos olímpicos de 1964 fue la villa olímpica, y el templo sintoista Meiji Jingū, uno de los más importantes de la ciudad. El parque está muy cuidado y en ocasiones uno se siente en un bosque salvaje de ginkos y cerezos, hasta que se llega a la puerta Tori que da acceso al templo. El Meiji Jingū es bastante austero, pero tiene un cierto encanto por el entorno que lo rodea. Se puede observar a la gente vestida con trajes tradicionales shinto llevando a los hijos pequeños al templo.


Meiji Jingū

Muy cerca de la estación de metro de Harajuku a la salida del parque, se encuentra la calle Takeshita, de visita obligada si que quiere contemplar la flor y nata de la extravagancia urbana de Tokio. En esta calle se aglomeran distintas tiendas de moda dirigida a las distintas tribus urbanas tokiotas (las lolitas, los góticos, las ganguros, etc). Lo más recomendable es visitar esta calle un domingo que es cuando se puede encontrar la mayor concentración de personajes paseando y haciendo sus compras, pero en términos generales cualquier día se puede uno dar un garbeo y encontrarse excentricidades.


Takeshita Dori
Takeshita Dori

Una de las esquinas de la calle Takeshita está llena de puestos que venden crepes con un sinfín de rellenos dulce (desde una bola de helado hasta una cheesecake con galletas), aunque no son muy baratas, tenían muy buena pinta y decidimos probar unas.


Presentación crepes
Maquetas de presentación de las crepes

Nuestras crepes
Nuestras crepes


Desde la calle Takeshita nos dirigimos andando hacia el centro de Shibuya atravesando las calles de compras y tiendas de Harajuku, donde cada marca intenta hacerse un sitio con escaparates rompedores o directamente con edificios extravagantes.


Edificio Audi, Harajuku
Edificio Audi, Harajuku

Aunque suene a tópico, una cosa que es indiscutible es que los japoneses adoran el karaoke, en cualquier esquina se pueden ver edificios enteros dedicados a esta actividad, así que no podíamos dejar pasar la experiencia de probar uno. El precio de los karaokes varía según la cadena, la hora a la que vayas y el plan que elijas. El plan de precios puede resultar complicado de entender, pero simplificando mucho suelen tener 2 planes: pago por fracciones de media hora (o 1 hora, según) o tarifa plana durante un determinado número horas o incluso toda la noche, para rizar más el rizo algunos de estos planes incluyen barra libre de bebidas no alcohólicas y otros no. 


Karaoke barato
Cadena de Karaokes barata

En nuestro caso nos decantamos por esta cadena que tiene muchos locales en Tokio y otras ciudades (la del simbolito de la bola de chicle con el micro y la mano), que si vas antes de las 6 PM pagas sólo 145 yenes por media hora, teniendo acceso barra libre de bebidas no alcohólicas, si se tiene en cuenta que una coca cola en cualquier máquina cuesta ya 100 yenes, no está nada mal. Tras hacernos entender con la chica del mostrador con señas y algo de inglés, nos dirigimos a la sala que nos habían asignado: una habitación con sofá, mesa, TV y una máquina de karaoke en perfecto japonés con pantalla táctil con la que me peleé durante varios minutos para intentar hacerla funcionar, acabé encontrando el modo de cambiar el idioma a inglés y conseguimos cantar algún que otro clásico mientras bebíamos una fanta de melón con granizado.


Karaoke
Intentando entender la máquina de Karaoke

Ninguna visita a Shibuya está completa si no se pasa el famoso cruce frente a la estación, que es el más concurrido del mundo. Además del cruce, aquí podemos encontrar a la famosa estatua de Hachiko, que ya visitamos el primer día, en honor al perro del profesor Ueno que esperaba a su dueño todos los días en los alrededores de la estación; tras la muerte del profesor dicen que Hachiko volvía todos los días a la estación a la hora de llegada del tren, esperando que su dueño volviese, y lo siguió haciendo hasta el día de su muerte.


Cruce de Shibuya
Esperando en el cruce de Shibuya


Cruce de Shibuya
Cruce de Shibuya

Lo mejor de Shibuya es recorrerla al caer la tarde y perderse entre un montón de gente y calles intensamente iluminadas con distintas tiendas, restaurantes, karaokes y otros locales de finalidad un tanto opaca. Para nosotros, este barrio representa lo que suele tenerse en mente cuando se piensa en Tokio como urbe moderna, dinámica y vibrante, y quedará como nuestro barrio favorito en la ciudad sin ninguna duda.


Basketball Street en Shibuya
Basketball Street, Shibuya


Para terminar el día entramos en una Izakaya (taberna japonesa) para cenar unos Yakitoris (pinchitos) y de ahí directos a dormir que el próximo día nos tocaba levantarnos temprano para pillar el Shinkansen (tren bala) a Kioto.

Sayonara!

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Diario de Japón (IV) Tokio: Shinjuku, Harajuku, Shibuya

sábado, 6 de diciembre de 2014



Muchos sabréis que en Japón son amantes de comer pescado desde tiempos inmemoriales, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que todo el país es una isla, o mejor dicho: un conjunto de islas. Con el tiempo se ha creado un gran negocio en torno a la pesca, distribución y venta del pescado y es por esto que en Tokio podemos encontrar el mercado de pescado más grande del mundo: el Tsukiji Market.

Interior del Tsukiji Market
Interior del Tsukiji Market

Para mantener la tónica del viaje de visitar varios lugares únicos en el mundo, decidimos visitar el mercado por la mañana. Uno de los atractivos del Tsukiji Market es la subasta de los atunes que tiene lugar alrededor de las 5 AM, aunque el acceso al turista está bastante restringido y sólo unos pocos afortunados pueden al final quedarse para poder presenciarlo; nosotros finalmente decidimos descansar un poco y visitar el mercado con el atún ya subastado y listo para ser vendido.

Señores Atunes
Señores Atunes

El mercado en sí es una nave enorme con varias avenidas principales donde no paran de pasar carretillas, carros y gente con mercancías; de hecho hay que tener bastante cuidado porque aunque uno esté de paseo, la mayoría de los que están ahí se encuentran trabajando a un ritmo frenético, así que en más de una ocasión tuvimos que marcarnos unos buenos recortes toreros para evitar ser atropellados. Además de las avenidas principales, hay un montón de callejuelas donde se ubican los distintos puestos, cada uno vendiendo el pescado fresco que corresponda, y muchos vendiendo y despiezando atunes enormes.

Desayuno
Desayuno

Tras un rato de paseo por el mercado, dimos una vuelta por las calles que lo rodean, que acaban formando un mercadillo de comida, especias y pescados en salazón, así como algún que otro restaurante. Siguiendo las recomendaciones leídas por Internet, paramos en uno de estos locales para desayunar sushi con el pescado más fresco que podíamos encontrar; en esta ocasión probamos el famoso Unagi (anguila), además de uno de huevas de bacalao y otro de pulpo, todo esto acompañado con el clásico té verde con sabor a tierra al que poco a poco te vas acostumbrando, especialmente cuando comes pescado crudo.

Teatro Kabuki
Teatro Kabuki

Una vez desayunados y con la curiosidad de ver los atunes satisfecha, fuimos caminando hacia el barrio de Ginza, uno de los distritos de alto standing en el centro de Tokio. En el camino pasamos por el teatro Kabuki, donde aún se hacen representaciones de obras clásicas kabuki. Bajando por la misma calle se encuentra el cruce 4-chuo dome y la tienda Wako cuyo edificio es famoso por su reloj. Nuestro destino en esa zona era el edificio de Sony, para ver la exposición gratuita de tecnología y gadgets de varias plantas, que merece la pena.

Palacio Imperial de Tokio
Palacio Imperial de Tokio

La siguiente parada oficial en nuestro itinerario fue el palacio imperial de Tokio, o mejor dicho, los jardines del palacio imperial de Tokio, pues el edificio en sí se encuentra cerrado al público y sólo está abierto dos días al año: el 2 de Enero y el día del cumpleaños del emperador. El acceso a los jardines desde el exterior de la muralla conlleva una caminata importante, y no se puede ver el edificio desde ningún punto, pero es un paseo agradable.

Con la tarde echándose encima, compramos unos onigiris en un combini para comer algo y nos dirigimos en metro hasta la estación de Shimbashi para conectar ahí con la línea Yurikamone que lleva a Odaiba, pudiendo apreciar la Tokyo Tower en el trayecto.

Odaiba es una isla artificial construida en la bahía de Tokio, que conecta con el resto de la ciudad a través del Rainbow Bridge. El distrito de Odaiba se ha erigido como una de las zonas de ocio y entretenimiento de la ciudad, además de ser una de las localizaciones donde se celebrarán eventos deportivos en los juegos olímpicos de 2020.

Rainbow Bridge
Rainbow Bridge

Al llegar visitamos la réplica de la estatua de la libertad y no pudimos evitar bajar a la playa para mojar los pies por primera vez en el océano Pacífico. De ahí nos dirigimos a Palette Town para ir al centro de exhibición de Toyota, donde curiosamente estaban presentando un nuevo todo terreno y después pudimos acceder a una simulación donde nosotros eramos los crash dummies. Palette Town en sí es un centro comercial de varias etapas, una de ellas está decorada como una plaza europea. También aprovechamos para visitar el extraño edificio de la Fuji TV donde pudimos comprobar que el anime One Piece estaba de rabiosa actualidad.

Fuji TV
El extraño edificio de la Fuji TV 

Aprovechamos para pasear un poco más por los distintos centros comerciales de la isla y finalmente emprendimos camino de vuelta a casa, de nuevo bastante agotados por la acumulación de kilómetros encima (¡cuánto hay que caminar en esta ciudad!).

Sayonara!

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Diario de Japón (III) Tokio: Tsukiji, Ginza, Odaiba