Mostrando entradas con la etiqueta Asia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Asia. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2015



Sí, somos conscientes de que ya hemos dedicado una entrada entera dedicada a los templos de Bangkok, y que cada vez que hablamos de Tailandia tenemos que hacer referencia a la religión, pero el templo del que os vamos a hablar hoy no tiene nada que ver con el resto de los que podáis ver en Tailandia (o en el mundo).

Edificio principal
Edificio principal

Wat Rong Khun (también conocido como el templo blanco) se encuentra cerca de la ciudad de Chiang Rai, en el norte del país y es un templo budista-hinduísta cuyo diseño parece seguir más los cánones de Marvel o DC que los de la tradición budista thai. Con un exterior de paredes blancas con incrustaciones de cristales y espejos, el edificio principal resplandece rodeado de jardines y de un canal con agua. Para acceder a él, se debe cruzar un puente que sortea una fosa que parece una especie de purgatorio, donde un sinfín de estatuas y figuras blancas intentan huir desesperadamente.

Puente
Almas que hay que sortear con el puente para acceder al templo

El interior del edificio principal resulta igual de desconcertante que el exterior, pues mantiene los elementos básicos de un altar budista, con la salvedad de que las paredes están cubiertas con imágenes al más puro estilo de comic post-apocalíptico e incluye elementos de la cultura pop contemporánea, de hecho, observando con detalle se puede apreciar a Michael Jackson, Harry Potter, Spiderman, Neo de Matrix o Doraemon, entre otros, así como representaciones de imágenes de la historia más contemporánea como las torres gemelas en llamas. En el interior del edificio está prohibido sacar fotos, sin embargo, algunos osados han conseguido instantáneas del mural (ver aquí y aquí). 

El artista
Charlemchai Kositpipat, el artista responsable del templo

No es de extrañar que este templo diseñado por Chalermchai Kositpipat desate la polémica entre los más religiosos y conservadores por lo transgresor de su propuesta, sin embargo el artista no ceja en su empeño de culminar la obra siguiendo su particular estilo artístico. ¿Olvidamos mencionar que al igual que la sagrada familia este templo aún no está acabado?

Los baños
Edificio de los baños (sí, sí, el WC)
Gazebo
Gazebo con un pozo zodiacal

Los edificios secundarios y exteriores tampoco tienen desperdicio, ya que nos encontramos con estatuas de predator, maceteros hechos con cabezas, un edificio majestuoso cuya función es albergar los baños y muchas otras extravagancias por el estilo.

Predator
Predator

Maceteros
Maceteros

Ya habíamos advertido que no se trataba del típico templo thai, sino de algo completamente distinto y único. Si se trata de arte, gamberrismo, innovación o excentricidad ya lo dejamos a vuestro criterio, pero sin duda alguna es un lugar que no deja indiferente a nadie.

มีการเดินทางที่ดี!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Wat Rong Khun: El templo más extravagante de Tailandia

sábado, 1 de agosto de 2015



Tailandia no sólo destaca por sus costas, sus templos, el barullo de Bangkok y la amabilidad de su gente; también posee una riqueza y diversidad natural digna de explorar, es por eso que siempre que nos piden consejos sobre qué visitar en Tailandia, no podemos dejar de recomendar una visita por el norte del país que incluya a las ciudades de Chiang Rai y Chiang Mai, y de paso, hacer una parada en la curiosa triple frontera con Myanmar (Birmania para los más tradicionales) y Laos también conocida como el triángulo de oro.

Cartel con el mapa del triángulo de oro
Cartel con el mapa del triángulo de oro

Rodeado de selva, el triángulo de oro se forma en la confluencia del río Ruak con el río Mekong; este último nace en China y discurre hacia el sur delimitando en su totalidad la frontera entre Laos y Myanmar. Por otra parte, el río Ruak viene del oeste separando a Myanmar de Tailandia hasta su desembocadura en el Mekong, donde éste empieza a hacer de frontera natural entre Tailandia y Laos durante varios kilómetros. Desde la ciudad de Chiang Rai se puede llegar al triángulo de oro (Sop Ruak) en un par de horas en coche. 

Sop Ruak
Sop Ruak

Sop Ruak consiste en unas pocas casas, varias tiendas de recuerdos para los turistas, un museo dedicado al opio y algún templo (como es habitual en cualquier sitio en Tailandia). El museo del opio es un pequeño centro de interpretación que explica los detalles sobre el cultivo de esta planta y cómo se realizaba su tráfico por la zona.

Utensilios para el peso del opio
Utensilios para el peso del opio expuestos en el museo

Estatua dorada de buda en la desembocadura del río Ruak en el Mekong
Estatua dorada de buda en la desembocadura del río Ruak en el Mekong 

El triángulo de oro desde Tailandia
El triángulo de oro desde Tailandia: a la izquiera el Ruak y Myanmar y a la derecha el Mekong y Laos

Whiskey tailandés con cobra
Whisky tailandés con cobra, comprado en Laos

Otra actividad interesante y recomendable es hacer una de las rutas en barcos o speedboats a lo largo del río Mekong, algunas de ellas incluyen parada en la pequeña isla Dom Sao en Laos, que tiene un mercadillo donde se puede comprar algún buen souvenir para traer de vuelta, como por ejemplo las botellas de Whiskey Thai con una cobra dentro. Para entrar a la isla no es necesario tener visado como ocurre con el resto del territorio de Laos.

Paseo en barco por el río Mekong
Paseo en barco por el río Mekong

Isla Dom Sao (Laos)
Isla Dom Sao (Laos)

Tomando una cerveza en Laos (mal chiste)
Tomando una cerveza de "lao" en Laos (mal chiste)

Si se va con el tiempo justo, quizás sea mejor idea priorizar una visita al templo Wat Rong Khun cerca de Chiang Rai (ya hablaremos de él en otra ocasión) antes que hacer el viaje hasta el triángulo de oro, sin embargo, es un buen plan para pasar medio día, ver el río Mekong y disfrutar de bonitas estampas de camino (entre arrozal y arrozal), como por ejemplo, los búfalos de agua tailandeses.


Búfalos de agua tailandeses
Búfalos de agua tailandeses

มีการเดินทางที่ดี!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

El triángulo de oro: El mekong, una triple frontera y la ruta del opio

martes, 14 de julio de 2015



Como parte de la visita a nuestro amigo en Tel Aviv (de la que ya os hablamos en nuestro post sobre Jerusalén), planificamos un día de excursión por la zona del desierto de Judea y, por supuesto, el mar muerto. Como habíamos alquilado un coche, sólo tuvimos que pillar la carretera 1 desde Tel Aviv en dirección Jerusalén, y continuar después de Jerusalén adentrándose en Cisjordania en dirección Jericó hasta la salida de la carretera 90 que bordea el mar muerto de norte a sur.

Nivel del mar y camello en la carretera
Nivel del mar y camello en la carretera

El desierto de Judea es bastante rocoso y una vez adentrados un poco en Cisjordania empieza a descender entre montañas áridas que descienden hasta varios metros bajo el nivel del mar, de hecho, en la carretera hay un cartel que indica el punto en el que empiezas a bajar por debajo de ese nivel hasta llegar al mar muerto, que es el punto de tierra de menor altitud que existe (423 metros bajo el nivel del mar) . La carretera se encuentra en buenas condiciones y el viaje no se hace pesado a pesar de tratarse de una travesía por desierto.

Vista del desierto de Judea desde la carretera 90
Vista del desierto de Judea desde la carretera 90

Hacia el final de la carretera 1 hay un desvío hacia el norte para ir al puente que cruza a Jordania, y otro hacia el sur para salir a la carretera 90 que discurre paralela al mar muerto. Antes de ir a la playa, Jonathan (nuestro amigo convertido en guía turístico) sugirió con buen criterio que visitásemos el parque natural de Ein Gedi, que nos quedaba de camino, así que le hicimos caso. Este parque, cercano al kibbutz de mismo nombre, no es otra cosa que un oasis natural formado en mitad del desierto donde varias fuentes de agua bajan de las montañas rocosas del desierto para desembocar en el mar. La entrada al parque cuesta 29 NIS y permite acceder a los senderos que se adentran en el oasis y van subiendo a través de las montañas a lo largo de varias cascadas hasta llegar a la principal: las cataratas de David.

Ein Gedi
Ein Gedi

Una de las pequeñas cascadas
Una de las pequeñas cascadas

Vista de las pozas de aguas que se forman
Vista de las pozas de aguas que se forman

Dándonos un baño refrescante en el oasis
Dándonos un baño refrescante en el oasis

Cataratas de David (David Wadi), Ein Gedi
Cataratas de David (David Wadi), Ein Gedi

A parte del paisaje y de la posibilidad de darse un baño de agua dulce refrescante es cualquiera de las pozas y caídas de agua que se encuentran en el parque, también es posible observar distintas especies características de la flora y fauna típica, entre los que destaca el Rock Hyrax o damán roquero, una especie de marmota que se puede encontrar tomando el sol o descansando sobre las rocas.

Rock Hyrax refugiado a la sombra
Rock Hyrax refugiado a la sombra

Rock Hyrax de cerca
Rock Hyrax de cerca

Después de pasar unas horas de paseo y baño por el oasis, culminamos la visita con un picnic improvisado a la salida y nos dirigimos hacia la playa del mar muerto que Jonathan había visitado en numerosas ocasiones, sin embargo, debido a unas obras en la carretera fuimos desviados y no pudimos acceder a ellas, así que decidimos continuar en dirección sur hasta encontrar otra zona acondicionada para el baño en el mar muerto. Varios kilómetros al sur de Masada, y tras pasar una zona donde el mar se reduce a un pequeño canal de agua que discurre entre secano, el mar vuelve a ensancharse y llegamos al poblado turístico de Ein Bokek, donde se encuentran varios hoteles y hay playas acondicionadas en el mar muerto.

Vista del mar muerto donde es reducido a un canal
Vista del mar muerto donde es reducido a un canal

La playa tenía todos los servicios necesarios y pudimos vivir la experiencia de flotar sin hacer ningún esfuerzo en el mar, de hecho, el esfuerzo hay que hacerlo si queremos flotar verticalmente, pues el agua te empuja todo el cuerpo hacia la superficie. La elevada salinidad del agua hace que uno no pueda estar demasiado tiempo remojándose sin empezar a sentir que la piel pica (regla #1: no meterse con heridas ni con la piel recién afeitada/depilada porque puede ser bastante doloroso), sin embargo a estas aguas se le atribuyen propiedades terapéuticas sobre la piel debido a los minerales, y los lodos que se forman en sus orillas son usados como producto de belleza; la verdad es que tras el baño la piel queda como la seda.

Flotando en el mar muerto
Flotando en el mar muerto

Con la piel renovada, habiéndonos refrescado y tras tomar unos helados en Ein Bokek, emprendimos camino de vuelta a Tel Aviv con la tarde cayendo y con unas bonitas vistas de Jordania al otro lado del mar muerto, en resumen: una excursión bonita y agradable que combina desierto, oasis, agua dulce, agua muy salada, buenas vistas y mucha naturaleza. Muchas gracias a Jonathan por habernos sugerido y guiado en esta escapada.

Sombra de Jordania al otro lado del mar muerto
Sombra de Jordania al otro lado del mar muerto

להתראות

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Conociendo Ein Gedi: un oasis en el desierto de Judea cerca del Mar Muerto

sábado, 27 de junio de 2015

Puente sagrado Shinkyo


Nuestro undécimo día en Japón lo pasamos de excursión por la ciudad de Nikko. Llegar a Nikko en tren desde Tokio puede parecer complicado porque no hay un tren directo, así que irremediablemente hay que hacer varias conexiones. Nosotros hicimos la ruta Shibuya-Omiya en tren, para luego pillar un shinkansen de Omiya a Utsonomiya, y de ahí conectar con la JR Nikko line hasta Nikko.

Paseo hacia la zona de los templos
Paseo otoñal hacia la zona de los templos


Al llegar a la estación de Nikko aún nos tocó andar un par de kilómetros hasta la zona de los templos, donde visitamos el Toshogu; un templo sintoísta que forma parte del patrimonio de la humanidad según la UNESCO. Este templo consta de numerosos edificios y monumentos rodeados de un bosque, así como un gran paseo escalonado que asciende la colina hasta llegar a un pequeño altar en la cima donde yacen los restos del shogun fundador del shogunato Tokugawa. La entrada al templo cuesta 1200 yenes y da acceso a todos los edificios y zonas del interior. He aquí algunas fotos de lo que se puede ver dentro del templo:


Tori y el Yomeimon (en obras)
Tori y el Yomeimon (en obras)

Kagura-den
Kagura-den


Pagoda de 5 pisos
Pagoda de 5 pisos

Altar principal
Altar principal

Talla de los tres monos sabios
La famosa talla de los tres monos sabios

Después de un par de horas de paseo y larga caminata por el interior del templo, emprendimos camino de vuelta a la estación de autobuses de Nikko para pillar un bus que nos llevase a la parte alta de la montaña para poder ver el lago Chuzenji (y aprovechar para comer un bento a sus orillas) y las cascadas Kegon. El trayecto dura 45 minutos y el billete ida y vuelta cuesta 2000 yenes. De nuevo, al tratarse de un paseo contemplativo, ¿qué mejor que dejaros unas fotos para ilustrar?

Cascada Kegon
Cascada Kegon

Lago Chuzenji
Lago Chuzenji

Y así, entre montañas, cascadas, templos y lagos pasamos el día por Nikko: admirando, contemplando y paseando, casi sin darnos cuenta de que en un par de días volveríamos a embarcar en el aeropuerto de Narita rumbo a Dubai para de ahí enlazar con otro vuelo de vuelta a Madrid.

Ese dos últimos días los pasamos por Tokio haciendo turismo sin listas ni planificación, simplemente echándonos a sus calles y dejándonos llevar, paseando por algún jardín, comprando recuerdos para la familia y los amigos, parando en algún Karaoke por la tarde para descansar media hora tomando un refresco de melón y cantando Moliendo Café, comiendo sushi, tempura y gyozas, visitando mercadillos e incluso repitiendo algún templo...

A la vuelta, veníamos con la maleta llena de souvenirs, pero sobre todo con la cabeza llena de buenas memorias, y con la convicción de haber vivido durante dos semanas inmersos en un mundo distinto, en una cultura totalmente diferente, cuyo recuerdo difícilmente podremos borrar.

Arigato Gozaimashita Nippon!

- FIN -



Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Diario de Japón (XI): Nikko

sábado, 20 de junio de 2015



Nuestro décimo día en Japón comenzó bastante pronto por la mañana en Osaka, pues previamente habíamos reservado asiento en un shinkansen tempranero que sale de la estación Shin-Osaka hacia Tokio para poder aprovechar la tarde con un paseo por la ciudad de Yokohama.

Tras varios días de excursión por la zona de Kansai (Kioto, Nara, Osaka) y Chūgoku (Hiroshima) nos quedó otra estampa de Japón en la memoria: el Japón histórico, tradicional, Zen y natural; sin embargo, nos quedaba la espinita clavada de no tener en nuestro itinerario una visita a uno de los monumentos naturales más famosos de Japón: el Monte Fuji.

El paseo en shinkansen desde Osaka a Tokio no es muy escénico en cuanto a vistas y la mayor parte del viaje transcurre siempre entre poblados (industrializados o agrícolas), lo que da una idea de la densidad de población de la isla. Sin embargo, hay un tramo donde este panorama cambia por un instante y los pueblos se abren al campo y tras una sucesión de túneles, si con suerte el clima acompaña, al lado izquierdo del tren es posible observar uno de los volcanes más famosos del mundo (con permiso del Vesubio).

Monte Fuji
Fujisan (Monte Fuji)

Afortunadamente para nosotros, el día estaba bastante despejado, así que pudimos divisar a la distancia el monte cónica, y aunque aún no lucía tan nevado como la imagen que tantas veces hemos visto reproducida, sin duda era perfectamente reconocible. El Fujisan es uno de los símbolos más distintivos de Japón y es el pico más alto de la isla de Honshu.


Kaiten Sushi
Kaiten Sushi

Después de varias horas de trayecto y con unas cuantas instantáneas del monte Fuji en la cámara, llegamos a Tokio y nos dirigimos de nuevo a la zona de Shibuya para volver a alojarnos en el estudio de nuestro anfitrión airbnb Takumi. Tras una parada para almozar en un kaiten sushi (para variar), nos dispusimos a pasar la tarde paseando por la ciudad de Yokohama, al sur de Tokio.

Yokohama es la primera ciudad de Japón en cuanto a número de habitantes, pues la población de la ciudad de Tokio se suele contar por distritos. Originalmente fue un puerto pesquero, pero en la actualidad se trata de una extensa ciudad moderna con un puerto de carga de grandes dimensiones.

Skyline Minato Mirai 21
Skyline de Minato Mirai 21, Yokohama

Uno de los barrios más modernos de Yokohama es el Minato Mirai 21, un área de negocios, entretenimiento y compras bastante curioso con un Skyline llamativo que incluye el edificio más alto de Japón: el Yokohama Landmark Tower y una noria-reloj en el parque de atracciones Cosmo World.

Montaña rusa Vanish
Montaña rusa Vanish

El parque de atracciones es de entrada libre, pero para subirse a alguna atracción hay que pagar un ticket. Como buen amante de las montañas rusas que soy, no podía desaprovechar la oportunidad para montarme en la famosa Vanish que está en el parque. Tras la experiencia puedo decir que como montaña rusa no tiene mucha emoción más allá de la curiosidad de desaparecer a la vista de los espectadores y es un poco cara (¡700 yenes!).

Minato Mirai 21
Otra vista del Minato Mirai 21

A partir de este punto y no sabemos muy bien por qué, nuestro paseo por Yokohama se transformó en un paseo temático alrededor del ramen pues acabamos visitando dos museos relacionados con este plato de origen chino que hace las delicias de los japoneses.

Cup Noodles personalizados
Varias fases de la preparación de nuestros Cup Noodles personalizados (dibujar no es lo mío)

En primer lugar visitamos el museo de ramen instantáneo que se encuentra a un par de calles del Cosmo World. Para ser sinceros, este museo es una ingeniosa treta de marketing de la marca Cup Noodle, donde el principal atractivo es que te permiten diseñar y decorar tu propio cup noodle (vaso e ingredientes). Antes del taller de preparación de ramen instantáneo, el museo ofrece varias salas dedicadas a la memoria del inventor de esta manera de preservar y servir el ramen: el empresario taiwanés Momofuku Ando.

Museo del Ramen, Yokohama

Una vez finalizado nuestro recorrido por el museo-tienda dedicado al Cup Noodle y llevándonos nuestros fideos instantáneos personalizados que unas semanas más tarde comeríamos ya de vuelta en casa, iba tocando cenar, así que nos fuimos hacia el Museo del Ramen (no instantáneo esta vez). Este museo tampoco es tal cosa, más bien se trata de una agrupación de restaurantes famosos de ramen situados en un semisótano ambientado en el Tokio de los 50s. Hay que pagar entrada 310 yenes para poder acceder a los restaurantes y además hay que pagar lo que consumas en ellos (platos a partir de 600 yenes), pero la verdad es que el ramen estaba muy muy bueno y la ambientación era original.

Saciados de sopa de fideos y tras una parada en la tienda Daiso (una de las favoritas de Anny), tomamos tren de vuelta a Tokio para descansar un poco antes de nuestra excursión del día siguiente.

Sayonara!



Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Diario de Japón (X): Vuelta a Tokio con vistas del Monte Fuji y tarde en Yokohama