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sábado, 13 de junio de 2015



La última noche en Kioto dormimos como troncos después de la paliza que nos dimos el día anterior en Hiroshima. Aún así, nos levantamos temprano para aprovechar la mañana y darnos un último paseo por la ciudad y hacer de paso un par de visitas que teníamos en la lista.

Palacio imperial de Kioto
Entrada al palacio imperial de Kioto

Nuestra primera parada fueron los jardines imperiales de Kioto, donde se encuentra el palacio real. Como íbamos un poco cortos de tiempo, cometimos el error de sólo dedicarmos a pasear por los jardines en lugar de entrar al palacio (la visita se supone que dura por lo menos una hora), y la verdad es que los jardines son bastante normalitos, así que nos apuntamos entrar al palacio para otra visita que hagamos.

Sanjusagendo
Imagen "robada" dentro del Sanjusagendo

Desde el palacio imperial pillamos un autobús hacia un templo que nos había quedado pendiente y que no nos queríamos perder: el Sanjusagendo es uno de los tesoros nacionales de Japón y en su interior atesora mil estatuas de Kannon armado de madera de ciprés cubiertas de pan de oro a los lados de una figura más grande de Kannon que se encuentra en el centro del pabellón. La visita es interesante, pero por tratarse de un tesoro nacional no está permitido sacar fotos dentro. Además de las estatuas hay una exposición que explica los antiguos torneos de tiro al arco que tenían lugar dentro del templo.

Marquesina de bus en Kioto
Detalle de las marquesinas en las paradas de bus de Kioto

Después de nuestra visita al Sanjusagendo, recogimos las maletas de nuestro querido hotel cápsula y pillamos un bus a la estación para irnos de la apacible y bonita ciudad de Kioto, no sin antes hacer una parada técnica en un kaiten sushi para meternos una buena dosis de arroz y pescado y recargar así energías para la tarde en la ciudad más excéntrica de la región de Kansai (y tal vez de todo Japón): Osaka.

La ciudad de Osaka no llega a las dimensiones de Tokio, pero es bastante extensa; de hecho, se podría decir que tiene dos centros: el del área norte y el del área sur. En nuestra fugaz visita vespertina unos días atrás, habíamos visitado el castillo de Osaka y nos habíamos movido por la zona de Umeda (distrito norte), donde volvemos a recomendar subir al mirador Umeda Sky Building para disfrutar de unas muy buenas vistas de la ciudad.

Ryokan
Nosotros en el Ryokan

Para esta visita decidimos hacer noche en la ciudad en la zona que no conocíamos aún (el sur), y aprovechar para hacerlo en un ryokan, es decir, en una especie de guesthouse tradicional japonesa, y cuando decimos tradicional nos referimos a paredes de papel, mesas de té a ras de suelo, yukatas, tatami y futón para dormir. La experiencia de dormir en un ryokan es altamente recomendable y a pesar de que no suele ser muy económico merece la pena los yenes extra.

Jugando al Taiko no Tatsujin
Jugando al Taiko no Tatsujin (aka el del tambor)

Después de dejar las cosas en el ryokan, nos dispusimos a dar una vuelta por los alrededores, y acabamos por la zona de Den Den Town en Nipponbashi, que podría ser el equivalente a Akihabara en Tokio; una zona dedicada a la electrónica, el manga y los recreativos.

Tsūtenkaku
Tsūtenkaku

Al final de la calle principal de Den Den Town se puede observar la Tsūtenkaku, o la torre de Hitachi. Esta torre fue todo un símbolo de modernidad en el momento de su construcción y fue derruida durante la segunda guerra mundial, posteriormente fue reconstruida con un diseño distinto al original.

Calle Dotonbori
Calle Dotonbori

Nuestra siguiente parada fue la calle Dotonbori, quizás la calle más conocida y excéntrica de Osaka. Famosa por sus numerosos restaurantes con enormes carteles luminosos, con estatuas móviles o representaciones de sus especialidades, es el lugar perfecto para picar algo mientras se observa la fauna urbana de la ciudad, y es que los osakeños parecen ser más extrovertidos y abiertos que los tokiotas o kiotenses.

Takoyakis
Takoyakis

Los platos-especialidad de esta zona son muchos, pero los más famosos son: el pez globo o fugu (sí, el de los Simpson) que suele ser bastante caro ya que el corte del pescado para evitar las zonas venenosas debe ser realizado por expertos y los Takoyakis, que son una especie de croquetas redondas de pulpo sazonadas con bonito seco, nori triturado y distintas salsas; muy buenos.

Glico Man
Cartel del Glico man

Una visita a Dotonbori no estaría completa si no se visita el famoso cartel del Glico-man; un cartel que representa la imagen de un atleta corriendo que aún hoy se puede ver en la caja de caramelos Glico. Originalmente este cartel era de neón y suponemos que en 1935 fue tal novedad que causó un impacto en la ciudad que hasta el día de hoy dura, juzgad vosotros.

Galería comercial Osaka
Algo de gente por las galerías comerciales

Culminamos nuestro paseo por Dotombori dando una vuelta por las galerías comerciales y entrando a los almacenes Don Quijote, que son una auténtica locura de gente y variedad de productos. Finalmente regresamos a nuestro riokan y comprobamos que nuestra sala se había convertido en una habitación con dos futones donde dormimos como bebés antes de nuestra vuelta a Tokio.


Sayonara!


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Diario de Japón (IX): Despedida de Kioto y tarde en Osaka

domingo, 15 de febrero de 2015



Además de los templos que se pueden visitar dentro de la ciudad, a poca distancia de Kioto hay muchas localidades que sin duda alguna merecen una visita, como por ejemplo, Inari.

Inari se encuentra en las afueras de Kioto y es fácilmente accesible en tren. El principal atractivo de esta localidad es el templo Fushimi Inari, construido en la base de una montaña, desde donde suben varios caminos por la colina decorados con una sucesión de puertas torii que parecen formar un túnel que conduce a los distintos altares repartidos a lo largo de la montaña. Este templo es muy popular y turístico (quizás las imágenes os resulten familiares de la película Memorias de una Geisha) y por ende muy concurrido, así que es recomendable ir temprano para no encontrarse con demasiada aglomeración de gente.


Camino de toriis

Toriis

Uno de los altares que se encuentran en el camino

Tras haber subido buena parte de la colina y sacado miles de fotos, continuamos hacia nuestro próximo destino en tren: la ciudad de Nara.

Nara fue la capital de Japón entre los años 710 y 784 y su centro histórico alberga un conjunto de templos que han sido declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Tras llegar a la estación, hay que caminar unos 10 minutos por la avenida principal hasta llegar al parque donde se encuentran estos templos. Una vez dentro del parque nos empezamos a topar con los principales habitantes del recinto: los ciervos. Según una antigua leyenda, un dios mitológico dejó a los ciervos en Nara para protegerla, y es por esto que son considerados animales sagrados y pasean libremente por la ciudad. Por 150 yenes podemos comprar galletas a los vendedores ambulantes para alimentar a los ciervos (a falta de galletas, podemos dar fe de que a ellos igual les vale un mapa), y si nos acercamos a ellos y les hacemos una reverencia, nos responderán con una reverencia también.

Galletas para ciervos

Un ciervo comiéndose nuestro mapa (tras sustraerlo de mi bolsillo)

La siguiente parada en nuestro recorrido por el parque es el Kōfuku-ji, un templo budista que es sede nacional de la escuela Hossō. Lo que más llama la atención de este templo es la pagoda de 5 pisos que se encuentra al lado del edificio principal (el salón dorado del este); como anécdota curiosa, mientras estábamos fotografiando la pagoda, un turista japonés nos pidió que posásemos junto a la pagoda para su foto (!?).


Pagoda de 5 pisos del Kōfuku-ji

En nuestra opinión, el templo más reseñable de Nara, es el Tōdai-ji, cuyo edificio principal además de ser tesoro nacional, es el edificio de madera más grande del mundo. Este templo budista sirve de sede de la escuela Kegon, y en el interior de su edificio principal se encuentra el Daibutsu o gran buda: una estatua de casi 15 metros de altura que muestra al Buda en postura semui-in segan-in.

Edificio del Gran Buda (daibutsuden)

Vista de la entrada desde el daibutsuden

Estatua del Gran Buda

Tras la visita a los templos, un pequeño paseo por el parque de Nara hasta el estanque decidimos volver a la estación, comer un plato de ramen caliente y rematar la tarde en Osaka, para repartir así las visitas en esta ciudad entre este día y otro más en el que pernoctaremos allí.

El viaje de Nara a Osaka en tren no es demasiado largo, pero fue suficiente para recargar un poco las baterías. Al llegar a Osaka pillamos la línea circular de JR que recorre la ciudad para dirigirnos hacia el castillo de Osaka. En las inmediaciones del castillo nos topamos con una especie de celebración religiosa, en el que distintas agrupaciones (estilo cofradías) tocaban tambores y música sobre una carroza decorada con dragones mientras otros miembros de la agrupación bailaban de una manera un tanto particular.

¿Celebración religiosa?

El castillo iluminado tiene su encanto, así que las vistas del castillo y de la ciudad al atardecer desde él son bastante recomendables.


Puente de entrada al castillo

Selfie en el castillo de Osaka

Para culminar el (larguísimo) día, decidimos ir hacia el Umeda Sky Building para contemplar las vistas panorámicas de la ciudad desde el mirador. La entrada al observatorio cuesta 700 yenes, pero las vistas de la ciudad son espectaculares además de ser un mirador peculiar (por no decir extravagante) con luces halógenas de noche y suelo fluorescente.

El Umeda Sky Building visto desde abajo

Vistas desde el observatorio (con mucho viento)
  
Vistas desde el observatorio (con mucho viento)

Y después de haber visto Osaka desde las alturas ya era hora de regresar a Kioto a descansar para la excursión que teníamos planificada para el día siguiente (¡esto es un no parar!).

Sayonara!

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Diario de Japón (VII): Inari, Nara, Osaka