sábado, 22 de noviembre de 2014

Tokio es una metrópolis de tamaño considerable: 2187,66 km cuadrados de núcleo urbano y unos 13572 de área metropolitana; que comparado con los 605,77 de Madrid, los 203 de Buenos Aires o los 1572 de Londres, nos da una idea de las dimensiones de la ciudad. Es por esto que la mejor manera de optimizar tiempo y costes de transporte es dividir las visitas que se quieran hacer por zonas y atacar una zona por día.

Tras unas 9 horas de sueño reparador, nos levantamos completamente descansados y sin señales de Jet-Lag, así que rápidamente nos pusimos en marcha para realizar el primer itinerario por Tokio que nos llevaría a los barrios de Akihabara, Ueno y Asakusa. Puesto que aún no nos interesaba activar nuestro JR Pass (ya le meteríamos caña más adelante en nuestros viajes hacia otras ciudades), nos tocaba pagar el transporte en la ciudad, y para ahorrarnos el dolor de cabeza de tener que comprar billetes sueltos con el importe exacto del viaje cada vez que fuésemos a realizar un trayecto, optamos por comprar una tarjeta SUICA, que es una especie de monedero electrónico que cargas con un saldo y la tienes que pasar al entrar y salir de cada estación para que te descuente el importe del viaje.

Akihabara
Akihabara

De esta manera nos montamos en el tren de la Yamanote Line (la línea circular de JR) para ir de Shibuya a Akihabara, el barrio electrónico de Tokio y el centro del frikismo, pues (supuestamente) es el barrio de los otakus. Saliendo de la estación de Akihabara tomamos la salida "Akihabara Electronic Town", y cuando dicen electrónico se referieren no sólo a videocosolas, tarjetas SD y discos USB, sino también a cables, transistores, diodos y osciloscopios a la venta en mercadillos de los alrededores de la estación. Tras dar un paseo por callejuelas llenas de chips y tableros nos acabamos topando con edificios enteros de arcades y recreativas con cualquier cantidad de videojuegos, luces, música, máquinas de premios y un público un tanto pintoresco.

Edificio de Arcade Sega
Edificio de Arcade Sega

Además de recreativas, Akihabara tiene un montón de tiendas de manga, muchas ubicadas en plantas superiores de edificios normales (algo muy común en Japón), así que no se pueden distinguir a pie de calle. Una tienda que teníamos apuntada como visita obligatoria era un tienda dedicada a los videojuegos llamada Super potato, que cuenta con una planta entera dedicada al paleo mundo de las consolas, donde venden Game Boys clásicas en perfecto estado, la famicom de Nintendo o la clásica Master System de Sega, además de una importante colección de cartuchos para esas consolas; en esta sección me encontré y puede probar por primera vez la Virtual Boy de Nintendo, de la que recuerdo haber leído reseñas en la Club Nintendo hace muchísimos años y que nunca había visto en cuerpo presente, y ya entiendo el por qué de su fracaso: vaya mareo.

Virtual Boy
La Virtual Boy de Nintendo @ Super Potato

Después de llevar un rato de muchas consolas y de toparnos con la grabación de alguna serie o película policial con una muchacha vestida de colegiala pegando saltos mortales, nos encontramos con unas muchachas vestidas de sirvientas repartiendo publicidad de algunos "Maid café". Los Maid Cafés son cafeterías temáticas donde las camareras suelen ir vestidas de sirvientas y hacen espectáculos musicales que ríete tú de los Aqua, también existen los butlers café con camareros vestidos de mayordomo y otros cafés cosplay donde los que te atienden van vestidos de cualquier temática friki. Tras dar unas vueltas y un tanto indecisos por lo que nos pudiésemos encontrar, decidimos finalmente entrar a uno que se veía muy light. Para entrar al café hay que pagar entrada y no están permitidas las fotos dentro salvo que pagues un extra. Yo pensaba que iba a ser una experiencia más extraña de lo que acabó siendo, al fin y al cabo es un café temático como cualquier otro, quizás por la hora tuvimos la suerte de no coincidir con viejos verdes que puedan enrarecer el ambiente, es más, ni siquiera había más hombres que mujeres dentro. El café que tomamos estaba bastante bueno, aunque entra la entrada y la consumición acabó saliendo algo caro.


Maids
Maids atrayendo clientes

Café
Café con un dibujo de un perro consumido ya por la espuma XD

Tras el café, y con las pilas recargadas decidimos caminar desde Akihabara hasta Ueno. A mitad de camino empezamos a fijarnos en los restaurantes por los que íbamos pasando procurando decidir donde comer y acabamos entrando en un sitio que servían arroz (¡cómo no!) con verduras, carne y salsa. Encontrar un sitio para comer resulta una aventura al no hablar el idioma y sobretodo al no poder leer, sin embargo en Japón la mayoría de los restaurantes exponen fotos de sus platos o incluso tienen una vitrina con modelos o maquetas de lo que se ofrece en el menú, lo que ayuda al turista. Aún así muchas veces la experiencia de comer consistía en señalar, esperar y rezar. En esta ocasión acertamos, a pesar de que eché el huevo crudo en la sopa de miso en lugar de encima del arroz como hacía la gente normal.

Menú
Menú

La Comida
La comida (con los palillos clavados en el plato como NO se debe hacer)


Al llegar a Ueno nos dirigimos al parque homónimo para dar un paseo. Dentro del parque hay un par de santuarios shinto y una pagoda de cinco pisos, además de un Zoo, un lago, un campo de béisbol y un museo, entre otras curiosidades.

Lago del parque Ueno
Lago del parque cubierto por la vegetación

Fuente en el santuario
Fuente para purificarse antes de entrar al santuario

Pagoda
Pagoda
Una vez recorrido el parque, nos acercamos al mercado de Ameyoko, que se encuentra en las inmediaciones de la estación, donde hay puestecillos de comida, alguno de ropa, otros de productos frescos y algún que otro restaurante. En una de las callejuelas conseguimos un puestecito que vendía el típico dulce japonés con forma de pescado y relleno de pasta dulce (generalmente de judía roja) llamado Taiyaki, así que decidimos probarlo y la verdad es que nos gustó.


Taiyakis
Taiyakis

Desde aquí decidimos ir caminando hasta Asakusa, y cuando llegamos nos dimos cuenta de que los mapas engañan y las distancias son siempre más de lo que parecen en esta ciudad. La visita al barrio de Asakusa tenía un objetivo claro: visitar el Sensō-ji, el templo más antiguo de Tokio y uno de los más importantes. Se trata de un templo budista que consta de un edificio principal, varios templos y santuarios secundarios, una pagoda y un mercadillo. Nuestra visita fue al atardecer y recomendamos a quien quiera ir que lo haga a esta hora para poder disfrutar de las vistas del templo iluminado.

Senso-ji
Selfie de rigor frente a una de las puertas

Senso-Ji
Edificio principal

Pagoda Senso-ji
Vista de la pagoda

Lámpara Senso-ji
Detalle de la lámpara en el edificio principal

Para terminar el día, nos acercamos hasta la Tokyo Sky Tree: la segunda estructura más alta del mundo (tras el Burj Khalifa en Dubai) y la torre más alta del mundo a día de hoy. Ciertamente, al tratarse de una torre impresiona menos que otros edificios altos, de hecho, al ser una torre completamente recta y en forma de tubo no da la sensación de que sea tan grande (la torre Eiffel se aprovecha del efecto que produce el que se vaya ensanchando hacia la base, por ejemplo), sin embargo, al estar debajo e intentar sacar una foto donde se vea la torre entera, uno se da cuenta de que la altura no es nada desdeñable.

Tokyo Sky Tree
Tokyo Sky Tree
Desde aquí, y ya con varias horas y kilómetros encima, regresamos a casa en metro tomando la Tobu Skytree line hasta Asakusa y conectando ahí con la Ginza line hasta Shibuya.

Sayonara!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Diario de Japón (II). Tokio: Akihabara, Ueno y Asakusa

domingo, 16 de noviembre de 2014



Ya de vuelta en España, y tras aclimatarnos de nuevo al horario y a la rutina, es momento de dedicar tiempo a ir compartiendo nuestra bitácora de viaje por Japón, lo haremos en varias partes para no acabar con una entrada demasiado extensa y así podéis haceros una idea de cómo organizamos y administramos los días en Japón.

Después de nuestro recorrido por Dubai estábamos exhaustos, así que nos subimos al avión de madrugada y no nos costó nada dormir un poco, de hecho, tuvimos que controlarnos las horas de sueño en el vuelo, ya que si dormíamos las 9 horas que dura el viaje nos encontraríamos recién despiertos a las 05:20 PM de Japón dando lugar a un Jet Lag de campeonato (Tened en cuenta siempre cómo minimizar el Jet Lag en los viajes largos para que no os arruine los primeros días). En resumen, dormimos unas 4 horas en el avión para llegar a Japón lo suficientemente cansados como para poder caer redondos por la noche. 



El vuelo aterrizó con media hora de retraso en el aeropuerto de Narita, a las afueras de Tokio. El paso por el aeropuerto fue bastante ágil y eficiente, una cosa que nos llamó mucho la atención fue cómo salían las maletas perfectamente alineadas y ordenadas en la cinta de recoger el equipaje (¡Bienvenidos a Japón!). Debíamos llevar mala cara con todo el cansancio, porque el agente de aduana nos pidió educadamente que abriésemos las maletas para inspección, pero no encontró más que ropa.

El aeropuerto de Narita tiene un mostrador de Japan Rail donde se puede canjear el cupón del JR Pass (Más info sobre el JR Pass aquí) por el librillo con el pase, y donde puedes indicar a partir de qué día quieres empezar a utilizarlo en los trenes (o puedes activarlo el mismo día si lo prefieres), en este mismo mostrador venden billetes para el Narita Express, que conecta con las principales estaciones de la línea Yamanote en Tokio y tiene un descuento del 50% para los extranjeros en el trayecto Aeropuerto - Tokio (lamentablemente la vuelta al aeropuerto no tiene ningún descuento) y sale por 1500 yenes. Por tratarse de un tren de JR, se puede acceder con el JR Pass si se ha activado ya, previa asignación de asiento en el mostrador.


Estación de tren del Aeropuerto

Dentro del Narita Express

Tras 1 hora de trayecto en tren llegamos a nuestro destino: la estación de Shibuya. Llevábamos tres mapas de la estación e indicaciones muy específicas para pillar la salida oeste e incluso aprendimos a reconocer los caracteres en japonés que la indicaban: 西口 (para nosotros: 'Pi' montado sobre una TV y un cuadrado con patas), y aún así no sabemos muy bien por dónde salimos, aunque tras andar unos metros nos topamos con Hachiko y el famoso cruce de Shibuya (ya hablaremos de esto con más detalle en otra entrada), así que ya estábamos ubicados y procedimos a caminar en dirección al apartamento donde nos alojaríamos en Tokio, que pillamos con airbnb.

Selfie con Hachiko dándonos la bienvenida

Llegamos al apartamento sin perdernos demasiado, dejamos el equipaje y nos preparamos para dar una vuelta por el barrio de Shibuya en búsqueda de un sitio para cenar (una aventura que después repetiríamos todos los días del viaje). Tras varias vueltas viendo fotos, maquetas de platos y sin entender los menús, finalmente nos decidimos por un kaiten sushi bastante bueno de los que te mandan la comida que vas pidiendo en una bandeja que va y viene sobre una cinta magnética, y donde puedes tomar todo el té verde en polvo que quieras con tu comida, que a mí siempre me supo a tierra. Nada más entrar nos recibieron casi al unísono todos los empleados con un Irasshaimase!, que en ese momento no teníamos ni idea de que iba a ser una de las palabras que más veces escucharíamos al día (con permiso del arigato gozaimasu!).

Kaiten Sushi

Tras la cena nos dimos un paseo por el center gai de Shibuya con todas las luces, la gente disfrazada de halloween, los karaokes, los restaurantes y los locales de dudosa reputación con fotos de muchachas sonrientes.

Karaoke

Locales de dudosa reputación

De vuelta al piso pillamos un café y unos dulces (confiábamos en que lo fueran) en el 7eleven de la esquina para tomar la mañana siguiente, aunque podríamos haberlo comprado en el 7eleven de la calle de abajo, o en el de la otra esquina o en el Family Mart del otro lado de la calle o en el que estaba al lado del otro 7eleven... Ya entendéis lo que queremos dar a entender: Konbinis a patadas para comprar desde un corn dog a un onigiri, pasando por desodorante, leche o una revista manga con un dibujo de una chica con un pecho anatómicamente imposible. Llegamos al piso y dormimos como troncos en nuestro futón hasta el día siguiente, pero eso será contenido de otro post.

Bollería (¿?) para el desayuno


¡Arigato Gozaimasu!


Al planificar el viaje compramos el Japan Rail Pass, que es un pase que permite viajar en todas las líneas de la compañía JR (excepto el Nozomi y el Mizuho Shinkansen) durante un número fijo de días a elegir. Este pase sólo puede ser adquirido fuera de Japón, con antelación y para ser usado por extranjeros. Nosotros compramos el JR Pass de 7 días y nos salió por cerca de 200€ por persona; teniendo en cuenta que sólo el viaje ida y vuelta de Tokio a Kioto cuesta alrededor de 150€, merece la pena. Existen muchos agentes autorizados y páginas web que venden el JR Pass, nosotros lo compramos aquí, que aunque existe una versión española de la página, por algún motivo sale un poco más barato en la italiana. Tras el pago te envían el cupón que has de canjear en Japón en un par de días por FedEx.

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Diario de Japón (I): Llegada al país del sol naciente

jueves, 13 de noviembre de 2014



Hace unos 40 años Dubai difícilmente podía catalogarse como una ciudad, se trataba más bien de un humilde pueblo pesquero que recién había descubierto petróleo en sus costas al igual que su vecino Abu Dhabi. Desde que comenzaron a explotar el oro negro y el jeque a cargo firmó el tratado de la unión con sus homólogos de alrededor para formar los Emiratos Árabes Unidos nada ha vuelto a ser lo mismo en esta región del golfo pérsico.

Dubai emerge como destino turístico hace pocos años, impulsado principalmente por los negocios, el lujo, las megaconstrucciones y el posicionamiento estratégico de su aeropuerto como hub de conexión con su aerolínea Emirates. Así pues, nos resultó muy tentandor hacer un stop-over de camino a Japón, para visitar el Burj Khalifa (la construcción más alta hecha por el hombre hoy en día) y pasear por la ciudad.

Tras dormir 3 o 4 horas a lo sumo en el vuelo desde Madrid, aterrizamos en Dubai alrededor de las 7:15 de la mañana y nada más desembarcar del avión pudimos ver al Burj Khalifa dominando el Skyline dubaití, haciendo a la vez de cima artificial de la ciudad y del mundo. El paso por inmigración fue ágil, nos recibió un funcionario vestido con el atuendo típico de los emiratos y al ver nuestro pasaporte nos comentó que le gustaba España y que había estado una vez en Marbella (nada que nos haya tomado por sorpresa).

La terminal 3 del aeropuerto de Dubai tiene una estación de metro, donde compramos un pase diario para metro y autobús por 16 Dh (unos 3 €), os advertimos que a pesar de lo que os diga la persona de la taquilla, deben daros una tarjeta por cada pase que compréis (parece evidente, pero la mujer que nos atendió parecía no saberlo).

World Trade Center
World Trade Center de Dubai (asoma también la punta del Burj Khalifa)

Para comenzar nuestro itinerario nos dirigimos al World Trade Center y al salir de la estación de metro ya recibimos una bofetada de calor de mucho cuidado a pesar de que sólo eran las 8:30 AM. Después de ver unos cuantos rascacielos por la zona y de darnos cuenta de que los descampados ahí no eran más que bancos de arena, nos dirigimos a la mezquita de Jumeirah en Taxi, porque Dubai no es solo rascacielos y centros comerciales, y porque las mezquitas son siempre parte importante de las ciudades de creencia musulmana, y esta ciudad no es la excepción.


Mezquita Jumeirah
Mezquita Jumeirah

La mezquita de Jumeirah ofrece una visita guiada todos los días a las 10 AM (excepto los viernes) por 10 Dh por persona, hay que estar en la recepción 15 minutos antes (tranquilos, tienen aire acondicionado y podéis tomar un café o helado hecho con leche de camello mientras esperas) y con la entrada se puede acceder a la mezquita y recibir una explicación en inglés sobre el funcionamiento de la mezquita y algunos detalles sobre el islam, con una sesión de preguntas y respuestas al final para aclarar dudas e inquietudes sobre la religión. Nos pareció muy interesante y muy recomendable para quitarse prejuicios relacionados con este tema.

Cama de paja
Cama tradicional de paja expuesta en el museo de Dubai

Tras visitar la mezquita pillamos otro taxi hasta el museo de Dubai que nos costó alrededor de los 20dh. En este museo muestran mediante maquetas, reproducciones y dioramas la historia y evolución de la ciudad desde el pequeño asentamiento pesquero que era hasta no hace tanto a la urbe financiera y turística que es hoy. La exposición no es para echar cohetes pero la entrada cuesta sólo 3 Dh y se aprende bastante sobre la transformación de la ciudad.

Dejando atrás el Dubai tradicional con el museo, nos adentramos en el Dubai más moderno visitando el Mall of the Emirates, que tiene una pista de esquí dentro, y desde allí nos acercamos a la marina de Dubai, donde se pueden ver los 4 edificios residenciales más altos del mundo (y otros 2 que forman parte del top 10).

Dubai Marina
Dubai Marina

Entre foto y foto, y según la tarde se iba agotando, nos dirigimos a la zona de Umm Suqeim para disfrutar un poco de la playa y de las vistas del ocaso al lado del Burj Al Arab, el hotel con forma de vela que presume ser el único hotel de 7 estrellas del mundo (aunque sean simbólicas). Las vistas del atardecer que se tiene desde este punto son espectaculares y sin duda es una de las mejores estampas de Dubai.

Burj Al Arab
Burj Al Arab (y esa luna musulmana a juego)

Para culminar el día, y como no podía ser de otra manera, nos dirigimos al Burj Khalifa, pues habíamos comprado las entradas para subir al mirador de la planta 124 con un mes de antelación. Tened en cuenta que el precio en taquilla es casi el doble que si las pillas online con tiempo, además el aforo por horas es limitado y muchas veces están agotadas las entradas en taquilla, así que si queréis subir os recomendamos que echéis un ojo a la página del observatorio. La entrada nos costó 125 Dh para subir a las 8:30 de la noche y desde arriba se pueden ver un montón de rascacielos iluminados, las amplias avenidas, la sombra del mar a un lado y la nada del desierto al otro, muy curioso.

Entrada al observatorio
Entrada al observatorio del Burj Khalifa

Desde abajo el edificio impone respeto, aunque como mirador, creo que nos seguimos quedando con el del Empire State (será por las vistas de NY). Al bajar del observatorio nos dimos un paseo por el Dubai Mall, el centro comercial donde puedes encontrar todas las marcas de lujo que uno se pueda imaginar e incluso un acuario y una fuente/cascada, además de varios restaurantes (¡y una cheesecake factory! ñam ñam). 

Acuario del Dubai Mall
Acuario del Dubai Mall
Cascada en el Dubai Mall
Cascada en el Dubai Mall

Para cerrar con broche de oro, salimos a ver el espectáculo de luz, agua y sonido en la Dubai Fountain al más puro estilo del Bellagio en Las Vegas, pero con el Burj Khalifa presidiendo: todo un lujo (y además gratis).

Dubai Fountain
Dubai Fountain

No nos dio tiempo de visitar Palm Jumeirah (la isla artificial con forma de palmera) porque bastante chicha le sacamos al día, sin embargo pudimos verla desde el avión a la vuelta.

Palm Jumeirah
Palm Jumeirah
Sin duda alguna Dubai es un destino interesante, quizás a alguno pueda parecer superficial o vacío, pero teniendo en cuenta el valor arquitectónico y la vanguardia urbanística es una visita muy recomendable aunque sea sólo para aprovechar una escala.

Nos despedimos con este selfie a los pies del edifico más alto del mundo.



¡Bon Voyage!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Aprovechando un día en Dubai

lunes, 20 de octubre de 2014



A veces no hace falta irse muy lejos, ni sufrir horas de espera en un aeropuerto para ver sitios verdaderamente únicos. En ocasiones, una escapada corta a la vuelta de la esquina nos permite descubrir lugares con un encanto particular que los turistas de fuera suelen admirar, y que uno, por el hecho de tenerlos al lado y pensar que en cualquier momento puede acercarse, nunca acaba de darles la prioridad que se merecen.

Eso es exactamente lo que me ocurrió a mí con Ronda, que a pesar de vivir bastante cerca, tardé casi dos años en visitarla, y sé que es casi un delito. Afortunadamente, la pasada primavera Anny decidió poner fin a este sinsentido planificando una escapada a Ronda un fin de semana bajo la excusa de dar un paseo y hacer una visita a unas bodegas.

Para quien no la conozca, Ronda es una ciudad ubicada en la serranía interior de la provincia de Málaga, y se encuentra a unos escasos 100 km de Málaga capital o a unos 60 km de Marbella y es fácilmente accesible por coche, autobús y tren. La ciudad tiene una larga y variada historia, y en sus calles se pueden observar vestigios de la civilización romana (recibió el título de ciudad en la época de Julio César) y árabe (fue capital de la provincia Takurunna en el reino visigodo) y aún se puede apreciar la arquitectura medieval en sus calles.

El viaje en coche a Ronda desde San Pedro de Alcántara nos llevó desde la costa hasta una cota de 750 metros sobre el nivel del mar en la sierra en poco menos de una hora. Como muchos sabréis, la ciudad se encuentra en la cima de una meseta, y está dividida en dos por un cañón conocido como "el Tajo", formado gracias a la erosión del río Guadalevín sobre la roca. Precisamente, el icono por excelencia de la ciudad es el (mal)llamado puente Nuevo, que se construyó en el siglo XVIII para salvar el tajo y conectar así las dos partes más altas de la ciudad. Para obtener las mejores vistas del puente hay seguir una vereda empedrada que baja desde la plaza María Auxiliadora, en la zona sur del puente, donde tras unos 7 minutos de descenso (llevad calzado cómodo) se puede ver el Tajo, el río y el puente tal y como aparecen en la foto que encabeza esta entrada.

Río Guadalevín en la parte baja del Tajo
Vista del Puente Nuevo y del Tajo desde la parte alta

De vuelta en la parte alta, justo después de cruzar el puente, en la parte norte de la ciudad se encuentra la plaza de toros de Ronda que data de 1572 y que es una de las plazas de toros más antiguas que existe, sólo por su antigüedad merece la pena verla.

Plaza de Toros
Plaza de Toros
Además del puente y la plaza de toros, Ronda es una ciudad que se disfruta y se descubre paseándose por ella. Así que recomiendo que al igual que nosotros, os perdáis por sus calles adoquinadas mientras descubrís su arquitectura típica, y en el camino os podréis topar con la colegiata de Santa María la Mayor (levantada sobre la antigua mezquita) o el palacio del rey moro con sus jardines, y en la parte más baja de la ciudad, casi a ras del río, se encuentran las ruinas de los baños árabes.


Callejuela típica
Una de las puertas cercana al palacio del Rey Moro

Colegiata de Santa María la Mayor
Os dejo la recomendación de un hotel que quizás no sea el mas barato de Ronda, pero sin duda es el más pintoresco y peculiar. Se trata del hotel Enfrente Arte, ubicado en la calle Real (cerca de la fuente de los ocho caños), donde parte de la decoración la han realizado reciclando distintos objetos, y el ambiente tanto de las habitaciones como de las áreas comunes es bastante bohemio.

Detalle de la recepción del hotel

El precio de la habitación incluye el desayuno y un open bar durante todo el día de cerveza, soft drinks y vinos; cuando estuvimos nosotros tenían el Chardonnay 2013 de Descalzos Viejos que es muy recomendable. Además, se pueden aprovechar todas las áreas comunes, que incluyen un salón con chimenea, varias terrazas, una piscina un tanto ecléctica y un pequeño jardín tropical con charcas que tienen peces "Doctor Fish" para que metas los pies y te hagan una especie de peeling (aparentemente esto se llama Ictioterapia). Sin duda es un hotel alternativo y muy poco convencional añadió un plus a nuestra escapada a Ronda.

Ictioterapia

Terraza

Si estáis interesados en el mundo del vino, Ronda tiene distintas bodegas modestas en cuanto a volumen de producción pero de buena calidad, echad un ojo esta ruta enoturística si os interesa.

Para terminar sólo me queda recomendar que visitéis cualquiera de los balcones y miradores que hay alrededor del puente nuevo para que podáis apreciar las tremendas vistas de la sierra de Ronda que ofrecen.

Vista del Tajo

¡Un saludo!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Un fin de semana en Ronda

miércoles, 15 de octubre de 2014



De vez en cuando, por motivos de trabajo, me toca pasar unos días en Inglaterra, y como buen viajero que soy, intento aprovechar estas oportunidades para explorar las ciudades a las que voy siempre que el tiempo me lo permita (tanto el cronológico como el meteorológico, que ya sabemos cómo es el clima en el Reino Unido). De esta forma he podido conocer ciudades como Leeds o Manchester, además de revisitar Londres y atravesar Inglaterra de sur a norte en tren, pero eso será tema de otra entrada.

Recientemente me ha tocado realizar uno de estos viajes por trabajo a Leeds, y en esta ocasión decidí hacer una pequeña escapada para poder inaugurar oficialmente las entradas viajeras de este blog. Leeds, en West Yorkshire, es una ciudad bastante importante en el plano económico-urbano de Inglaterra, pero desafortunadamente no es demasiado turística, aunque prometo en otra ocasión hablar un poco sobre ella. Tras evaluar las opciones más cercanas para una rápida escapada de medio día, tuve claro que mi plan tenía que ser da un paseo por York en North Yorkshire, ciudad de la que había oído hablar muy bien y que fue votada como ciudad europea de turismo en el 2007.

El viaje desde Leeds en tren dura una media hora (o una hora si se pilla el tren que para en todos los pueblecillos de camino), y cuesta unas 12£ ida y vuelta en horario off-peak. Nada más salir de la estación de trenes de York uno se da cuenta de que está un una ciudad diferente a todas las que puede encontrar alrededor y en apenas 5 minutos, a medida que uno se va acercando al centro de la ciudad, atravesando la muralla, cruzando el puente sobre el río y llegando finalmente al Minster esa impresión inicial se convierte en certeza.

Vista del río
Vista del río

La catedral de York es uno de sus más reconocibles monumentos, y se trata de la mayor catedral gótica del norte de Europa, particularmente soy muy fanático del estilo gótico en la arquitectura, y aunque esta catedral no es comparable con el Duomo en Milán, la catedral de Burgos o Notre-Dame en París, llama la atención por encontrarse donde se encuentra, en un escenario que recuerda a Kingsbridge, la ciudad de "Los pilares de la tierra".

Catedral de York
Catedral de York (Minster)

Desde la fachada frontal de la catedral, si nos dirigimos hacia el río, encontraremos un parque que alberga el museo de Yorkshire y las ruinas de la abadía de Santa María. También desde la catedral, pero yendo hacia el casco antiguo nos encontramos con The Shambles, una antigua calle de York que mantiene su esencia medieval de arteria comercial en la que desembocan varios callejones también conocidos como snickelways.

St. Mary's Abbey
St. Mary's Abbey

The ShamblesThe Shambles
The Shambles

 Otro sitio bastante reconocible es la torre de Clifford, una pequeña fortaleza ubicada sobre una mini colina (más bien un montículo), cerca del río y rodeada del verde característico del césped inglés. Además de estos monumentos y puntos de interés, York merece la pena aunque sea sólo por pasear por sus calles y disfrutar de las casas con fachada típica medieval, su muralla y las distintas puertas de entrada a la ciudad.

Clifford Tower
Clifford Tower

Pub típico
Pub típico

Arquitectura medieval

Monk Bar
Monk Bar (una de las entradas en la muralla)

Sé que muchos estaréis pensando hacer la gracia fácil, y la respuesta es: "No, no he comido jamón en York", aunque mi amiga Almudena me ha dicho que ella sí lo hizo este verano, así que le creeremos.

En resumen, si estáis cerca de Yorkshire, no dudéis en visitar esta ciudad porque merece la pena, el paseo es agradable y probablemente se trate de unas de las vistas más bonitas de la zona. 


¡Saludos!

Disclaimer: Todas las fotos de esta entrada, salvo la de cabecera (propiedad de Wikimedia) son propiedad del autor. La reproducción o publicación total o parcial de las mismas sin autorización no está permitida.

Paseando por York: La joya del norte de Inglaterra